Analogismo tradwife

Por Nynoska Núñez*

Es una verdad asumida que el algoritmo de las redes sociales se adapta a cada individuo, es decir que el contenido consumido varía de una persona a otra. Sin embargo, pese a aquellas diferencias de gustos, es posible notar dos elementos o tendencias que se han posicionado en el mainstream del internet. El primero y más notorio es el movimiento tradwife, lo cual se puede notar con fuerza en influencers estadounidenses. El segundo es el terror analógico, presente en películas como Backrooms (2026) u Obsession (2026), y también reproduciendo la estética en plataformas como Instagram o TikTok. Pese a ser distintas entre sí, ambas forman un complemento sobre cómo se observa la realidad mundial actual, pues responden a la crisis de hipermodernidad y ansiedad por el presente.

El usar elementos del pasado o la tradición para resignificar el presente es usual. Los renacentistas usaban elementos clásicos, los románticos elementos medievales, etc. En el caso de la tendencia conservadora actual, se retoma no solo la estética hogareña estadounidense de los años 50, sino también los ideales y estándares de aquella época. Las influencers tradwifes buscan seguridad y estabilidad frente a los conflictos del presente en una figura idealizada de la tradición estadounidense. Este retorno voluntario a ideales pasados se presenta como un intento casi desesperado por apaciguar el vértigo actual, intercambiando así autonomía contemporánea por la promesa de un refugio. 

En la cara opuesta, el retorno nostálgico del pasado también puede presentarse de forma incómoda para cuestionar lo que se asume como seguridad. Es de esta manera que lo que comenzó siendo videos en YouTube de dudosa calidad, regresó en pantalla grande y para inundar las redes sociales con aquella estética. El terror analógico se aleja de lo familiar tradicional y utiliza el escenario hogareño como un elemento del cual desconfiar. Al tomar distancia de la realidad que se habita, permite observar una serie de elementos que perturban al espectador. En otras palabras, la regresión de lo analógico frente a las crisis actuales utiliza imágenes viscerales y desoladas. Un entorno que, pese a resultar extrañamente familiar, se transforma en una trampa. 

Así como cada época fabrica sus monstruos, también se construyen sus ideales de hogar. Es bajo esta lógica que ambas tendencias se posicionan como dos grandes respuestas frente a la angustia de la hipermodernidad y los conflictos actuales. Las estéticas analógicas y conservadoras resultan ser dos caras de la misma moneda, pues ambas obsesiones con el pasado son vías de escape y representan un lugar seguro. La distinción radica en su forma: la primera se posiciona desde una honestidad visceral e incómoda, mientras que la segunda se comercializa bajo una fachada ilusoria de refugio intocable. 

*Nynoska Núñez es estudiante de Literatura de la Escuela de Literatura de la Universidad Finis Terrae. Correo: nnunezt@uft.edu

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