Dos miradas sobre VERBATIM

Fotografía del Centro Cultural GAM

Una técnica que supera el relato

Por Lisette Castro*

VERBATIM estuvo en cartelera desde el 25 de octubre hasta el 10 de noviembre en el GAM (Centro Cultural Gabriela Mistral). Fue una propuesta escénica-sonora, creada y dirigida por Muriel Miranda, que presenta una exploración ambiciosa de la realidad, la fragmentación y la autenticidad de la voz. Esta puesta en escena plantea preguntas como: ¿Quién es el original y quién es la copia? ¿De quién es esta voz? ¿Qué nos tienen que decir? Las mentiras, los pensamientos, los sueños y las voces juegan un rol importante, que tienen como intención llevar a cuestionamientos profundos. 

La dramaturga Muriel Miranda, es también directora en Compañía Maleza, un estudio que posee propuestas transdisciplinarias que mezclan el teatro, la animación y el stop-motion. En sus creaciones, acostumbra a tratar temas como la soledad, el aislamiento y la locura. VERBATIM no es la excepción. A través de la combinación de diversos recursos en escena, como técnicas sonoras, exploración de la voz, el cuerpo y los pensamientos, postula una innovadora pieza teatral. 

Esta propuesta escénica trabaja sobre el concepto de “Verbatim”, el que significa: la reproducción exacta de una frase, oración, etc. La obra se construye a partir del uso de lip-sync, es decir, los actores no usan sus voces en escena, sino que durante toda la obra doblan la voz de otros intérpretes. Este recurso de superposición de una voz ya grabada es original y deja en evidencia el entrenamiento de los artistas escénicos. Sin embargo, las voces femeninas tienen un timbre muy similar, lo que dificulta la distinción entre qué personaje habla o si se trata de una sola voz para dos personajes. Quizás, la elección de voces similares sea intencional, considerando las temáticas que explora la obra; de ser así, es un recurso muy poco desarrollado, que lleva a la confusión más que a la comprensión. Si hubiese una diferencia perceptible, se agilizaría el entendimiento y el enganche con la historia. El disfrute se acaba cuando el descifrar las voces y las correspondencias con los cuerpos, se prolonga por demasiado tiempo. 

El montaje tiene por protagonistas a Ana (Natalia Valladares), Laura (María Siebald) y Leo (Daniel Marabolí), tres personajes que poseen un vínculo algo confuso. El texto en VERBATIM resulta simple y, paradójicamente, confuso. El problema no radica en su sencillez, sino en la falta de profundidad. La trama avanza de manera superficial, y deja muchos aspectos sin resolver, lo que impide que el público profundice en los personajes y en sus relaciones. Un ejemplo, es la relación entre Ana y Leo, que carece de desarrollo. 

La obra comienza con una sesión narrativa que, lejos de intrigar, diluye el impacto y la impresión en lo que sigue. Ana relata lo que ocurrirá posteriormente, lo cual funciona como una especie de spoiler que, en lugar de generar expectativas, le resta suspenso y tensión al desarrollo. Además, Leo revela aspectos claves del conflicto, como el comportamiento de Laura y sus constantes mentiras, que parecen ser producto de una enfermedad. Por otro lado, Ana ha soñado con Laura, y estos sueños se mezclan con los pensamientos de Laura y con una segunda voz que habita únicamente en su mente. Este recurso podría ser muy inquietante, pero en lugar de generar una atmósfera onírica y potencialmente perturbadora, se convierte en una extensión de los vacíos narrativos. En una entrevista, la directora de la obra comenta: “Los sueños son un hilo conductor […] Develan cosas.” (CNN Chile) Sin embargo, los sueños a menudo parecen más una excusa para llenar espacios vacíos, que una herramienta para profundizar en los conflictos.

La acción dramática se lleva a cabo en el living de la casa que comparten Ana y Leo, un lugar cotidiano. Sin embargo, el espacio aporta una dinámica casi inexistente a la puesta en escena, lo que hace de la experiencia monótona y al relato carente de ritmo. Además, en el fondo del escenario hay un cuadro, que al parecer sirve como un apoyo a los sueños de Ana. No obstante, este arte es en colores fríos y apagados, por lo que se pierden en el escenario. La escenografía es limitada, de modo que refuerza la impresión de un relato que no avanza. Es repetitivo y visualmente aburrido. En definitiva, esta linealidad termina por restarle vitalidad a la obra. 

VERBATIM es una propuesta escénica que explora la fragmentación de la voz y la realidad, pero que se ve limitada por una falta de profundidad en sus personajes, relaciones y escenografía. El espacio monótono dificulta la inmersión del público, mientras que la narración explícita y los vacíos narrativos restan tensión. El teatro es una experiencia en la que si el público entiende y se ve inmerso en el relato; hay un objetivo logrado. No creo que sea este el caso. 

* Lisette Castro es Estudiante de Literatura de la Escuela de Literatura de la Universidad Finis Terrae.

Contacto: lcastron@uft.edu

Fotografía del Centro Cultural GAM

Cuando la voz interpreta al cuerpo

Consuelo Valdés*

La obra de teatro “Verbatim” ha estado en cartelera desde el 25 de octubre hasta el 10 de noviembre en el GAM (Centro Cultural Gabriela Mistral). Dirigida y creada por Muriel Miranda, quien creó la historia a partir de un máster que cursaba en artes visuales. Su idea de la voz y el cuerpo como entes anexos, el uno del otro, es la esencia de la obra. 

La sala se encuentra ubicada en el segundo piso del GAM, es de fácil acceso, todo está bien demarcado. También cuenta con ascensor para que personas con capacidad reducida puedan acceder. Hay dos guardias en la entrada esperando que la función comience, revisan el ticket y cuando quedan 10 minutos antes del inicio de la obra, te guían al auditorio de forma muy ordenada y luego, cuando todos los presentes están con los boletos chequeados, te hacen pasar al recinto como tal. Los asientos son unas sillas de plástico bastante simples sin ninguna intención de parecer agradables para la espalda, pero cabe destacar que son bastante cómodas y no se sintió para nada ese dolor que algunas sillas de plástico provocan después de media hora de estar sentados. 

La obra muestra una premisa en la cual, dos amigos: Ana y Leo reciben la visita de la hermana de este último, llamada Laura. Ana recibe una advertencia sobre ella: “no le creas nada”, dice Leo. Además, menciona que ella no distingue entre la realidad y la ficción. Este cruce entre la realidad/ficción, la verdad y la mentira que puede ser un poco compleja de entender, queda reflejado a la perfección dado que incluye un extracto del monólogo de Segismundo, el mejor exponente de la confusión entre lo que se cree que es real o un engaño de las cosas en la obra de teatro La vida es sueño de Calderón de la Barca, lo que enriquece mucho más esta experiencia. 

La historia tiene una buena propuesta que te deja enganchado durante toda la obra, gracias a la confusión que se crea en la audiencia debido al no saber quién de estos tres personajes está diciendo la verdad, las interpretaciones de los actores Natalia Valladares (Ana) María Siebald (Laura) y Daniel Marabolí (Leo) son fundamentales. Cada una de sus actuaciones durante la puesta en escena, transmiten una gran emoción, permitiendo al público situarse mejor en la trama. Con relación a la voz de cada uno de ellos, fue impecable, porque la obra innova utilizando “lip sync”, es decir, los actores modulan sobre la voz que anteriormente fue grabada y esto lo ejecutan con gran coordinación. Por lo tanto, la reproducción fue clara, con un tono agradable, de forma que los presentes no se quedaran cortos con alguna información de la obra. 

Además, se unen a la perfección la música que se reproduce, las tonalidades suaves que se combinan con las escenas de manera que no generan ninguna perturbación al oído. Pero, tengo que relucir algo que no me dejó muy a gusto, la manera en que ciertas expresiones, como por ejemplo cuando algo les causó miedo a los personajes, exclamar: “me asustaste”, era con el tono menos parecido a una persona asustada. Eso le bajó un poco de calidad a los intérpretes y a la reproducción. 

Ahora al hablar de temas más técnicos, la escenografía es muy adecuada a lo que presenta la obra como tal, todo se sitúa en el departamento de los dos amigos. Si bien el mobiliario es bastante simple: un sofá en el centro del escenario, las piezas demarcadas por unas cintas de color azul para situar cada cuadro, todo logra una buena y armoniosa distribución en el escenario. El fondo es un paisaje de las Torres del Paine (postal que habría mandado Laura a su hermano Leo) que, de acuerdo con la obra, es fundamental para el desarrollo de la trama.

Esta crítica terminará con el significado de la palabra «verbatim», porque a pesar de mi intento por plasmar la obra de mejor manera para los lectores y tratar de que se contagien con ganas de ver esta obra, considero que la mejor explicación, clara y concisa, es la definición del título de la obra. Esta significa la reproducción exacta de una oración, frase o cita textual desde una fuente a otra. El proyecto de la obra busca ideas, estéticas y lenguajes que exploren el cuerpo humano y sus posibilidades de sincronización de la voz. 

* Consuelo Valdés es Estudiante de Literatura de la Escuela de Literatura de la Universidad Finis Terrae.

Contacto: cvaldesh@uft.edu

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