Por Fernanda Rojo*

El tiempo puede transformar un objeto o lugar de algo valioso e impresionante, a algo olvidado y sin valor. Elvira Hernández logra demostrar de manera perfecta como en la esplendidez de un lugar, posteriormente puede habitarla un fantasma. En su poemario, un fantasma recorre el mundo (2012), Hernández explora elementos como el océano, una casa y las personas se transforman; incluso aborda temas como el material (MP), un contaminante atmosférico. A pesar de conocer su existencia y la importancia que tienen, olvidamos el poder que lograron tener en nuestra formación como sociedad y personas.
Elvira Hernández, seudónimo de María Teresa Adriasola, es una poeta chilena que destacó en la poesía femenina desde la década de los 80’s debido a su carácter experimental, siendo calificada dentro de la llamada neo-vanguardia. Hernández escribe sobre el contexto político en medio de la dictadura de Augusto Pinochet, sin embargo, otras características que destacan en su composición lírica son el quiebre de la sintaxis tradicional y el uso de múltiples recursos discursivos provenientes del ámbito popular y de la cultura tradicional. Todos estos elementos lograron que la poeta sea una de las voces femeninas más singulares de la poesía contemporánea chilena y latinoamericana. Todos estos elementos de su escritura brindaron frutos, ya que este año fue la ganadora del Premio Nacional de Literatura de Chile —siendo la segunda mujer poeta chilena en lograrlo, después de Gabriela Mistral—.
Una de sus obras más conocidas es La bandera de Chile (1991), obra clandestina que fue publicada en Argentina; esta buscaba “cuestionar la identidad, el patrimonio histórico y cultural de una lengua apta para la versificación”.[1]Aunque un fantasma recorre el mundo (2012) no toca directamente el tema político, sigue explorando la búsqueda de identidad, un tema constante en su obra:
como una ajenidad sobre otras
irreconocibles descoloridas
sin identidad
La poeta presenta unos versos en los que no existe algo concreto, sino que únicamente elementos borrosos o irreconocibles que no logran completar a la voz hablante. Lo curioso de esto, es que el poema se titula “marejadas” y estas son un fenómeno natural que ocurre cuando el viento sopla por horas en un área amplia sobre aguas abiertas del océano, generando suficiente energía sobre la superficie del agua que provoque este desplazamiento en el mar. El movimiento del agua transforma las superficies que recorre, dejándolas irreconocibles y destruidas, creando un lugar completamente distinto al que era antes. Por medio de los elementos presentes en el título, la autora nos facilita la comprensión de lo que desea expresar, a pesar del quiebre de la sintaxis que caracteriza a su escritura.
Tener conciencia de que cada objeto o fenómeno natural que existe puede ser relacionado con lo que nos puede suceder, o relacionarlo a nuestras emociones, es lo que busca la poeta mediante La Bandera de Chile (1991), o en un fantasma recorre el mundo (2012); logra conectar estos espectros que solemos olvidar y solo recordarlos cuando vuelven a azotar en nuestras vidas. Elvira Hernández nos invita a reflexionar en la conexión con nuestro entorno y ser más conscientes de lo que nos rodea, relacionarnos con la naturaleza, los objetos, las personas y nosotros mismos.
[1] (Novoa, Marcelo. Poeta que naufraga sirve para una nueva travesía, El Mercurio (Valparaíso), 25 de noviembre, 1992, p. B6).
*Fernanda Rojo es estudiante de Licenciada en Literatura de la Universidad Finis Terrae y Ayudante del Taller de Crítica Literaria.
contacto: frojoq@uft.edu
