Cinco lecturas sobre Cambalache de Loreto Casanueva

Tocho

¿A dónde van las letras cuando ya no están en el abecedario? Cambalache sugiere que la ch permanece latente en nuestro vocabulario, como aquellos cachureos guardados en nuestras casas: objetos y palabras que muchas veces esperan a ser usados. Desde la intimidad, la objetología y su vínculo con el lenguaje, Loreto Casanueva R. reflexiona y escribe sobre la belleza de las palabras que resguardan la ch. Es así como su formato anillado y rosa se vuelve una superficie cercana, flexible y cómoda para ser rayada (o no). También puede emular a una tablilla, en su tamaño y uso, como una más de nuestros cachivaches. Quizás Cambalache es un nuevo lugar que guarda lo que el abecedario dejó fuera, pero que Casanueva no olvidó y ahora nosotros tampoco.

Si tuviera que escoger una palabra con ch, uso muchísimo la palabra tocho para aquellos libros voluminosos; me fascina que los libros de muchas páginas tengan su propio adjetivo.

Valentina Navarro

Estudiante de la Escuela de Literatura 

Universidad Finis Terrae

Chuta

“Si el abecedario fuera una casa, la ch viviría en el clóset de los cachureos”. Esa fue la frase que hizo refulgir este libro-tesoro entre mis manos. La premisa del ensayo es sencilla: la ch fue eliminada del alfabeto y su autora, Loreto Casanueva, recorre sus vestigios a través de objetos y libros, recuerdos y sonidos a la manera de un paseo por una feria de pulgas: con los ojos atentos, absortos en los detalles. Una belleza que alimenta el deseo de leer pronto más de Casanueva. 

El ensayo, por cierto, me dio pie para pensar en mi palabra con ch favorita. Honesta e ideal dada cualquier circunstancia, porque más que una palabra, es un sentir: chuta.

Camila Hormazábal

Librera en Librería Metales Pesados Alameda 

Realiza talleres de creación y escribe en medios culturales

Chaleco

Al sumergirse en la lectura de Cambalache, el primer libro publicado por la académica Loreto Casanueva, se abre una puerta al mundo de la autora, donde se mezclan los recuerdos de su infancia con los sonidos de la letra ch. Es necesario subrayar que, en un pequeño formato anillado de tan solo 38 páginas, se resume la historia y a la vez la defensa por la preservación de la letra ch. En cada página se refleja la pasión por aquella letra que, aunque hoy se considera un dígrafo, aun así, la autora logra traer el pasado al presente al mencionar palabras tales como “cacharro”, “cachivache”, “cachirulo”, “pilcha”, entre muchas otras. Es claro que dichas palabras ya no forman parte de las conversaciones actuales, incluso de los textos, esa ausencia hace de Cambalache un contenedor de la letra ch para las generaciones actuales. 

Si tengo que elegir una palabra con la letra ch opto por chaleco, porque dicha prenda abriga, es decir, contiene a la persona cuando tiene frío, pero no tan solo abriga, también abraza y protege. 

Charlotte Van de Wyngard

Estudiante de la Escuela de Literatura 

Universidad Finis Terrae

Chape

Llega este objeto-libro a mis manos en el momento oportuno, cuando la idea del cambalache se vuelve tangible: un cambio de casa, un traslado de cachureos. Como el libro cabe dentro de un bolsillo, lo ando trayendo en la mochila. Es fácil dar cuenta de que, desde su lectura, hay un compromiso de búsqueda y reivindicación. Pienso: qué bonito y necesario es repensar nuestra habla. Pero, además, vuelvo al ejercicio de meditar en los fonemas. Recuerdo: la “ch” es africada palatal sorda y la lengua flota cuando se produce la inflexión del dígrafo. Quiero, también, volver a usar más palabras y frases con “ch”. Me gusta particularmente “chape” y su variante “estar enfermo del chape”. Lo hablé hace poco con un amigo, esto de reinstalar “estar enfermo del chape” junto a otras palabras como “julero” o “école”. También aprovecho que mi pelo está creciendo para hacerme chapes. Más canosa, dejo que las hebras blancas se muestren al mundo.

San Felipe-Santiago, diciembre de 2025

Natalie Israyy 

Poeta y Doctoranda en Literatura

P. Universidad Católica de Chile

Chamullo

Me gustan las lecturas chiquitas, las de bolsillo, que se doblan y adaptan a cualquier superficie. Mejor si no tienen lomo, si están hecha a mano, o con alguna técnica o máquina analógica: mimeógrafos, estarcidos, papel carbón, hojas húmedas. Lecturas mínimas con ideas gigantes o ideas pequeñas que muestran sus hechuras y costuras. Digo lecturas chiquitas, pero en verdad quiero decir chiquititas, lecturas hechas para el tránsito. Así es Cambalache de Loreto Casanueva, libro que es un intercambio o trueque de palabras por objetos y objetos por sensaciones o experiencias. Como el poeta que recoge piedritas y oropel, Loreto se guarda las ch y las atesora, para mostrárnoslas directo de sus manos, con sus brillos y opacidades, con la ilusión de hacernos chinchinear los dientes y chamuscarnos los ojos. Lo bello de la artesanía editorial de Objeto Ancla, está en su sencillez, en lo que suele llamarse experimental, pero que es, al fin, una vuelta a lo básico del oficio con las letras: papel, anillado, copias numeradas, trabajo mano a mano, sin chamullos. Ahora que lo pienso, la ch tiene un compañero en la ll, también desterrada como letra; en chamullo habría dos letras desalfabetizadas, y chamullar es el arte de inventar e impresionar, con dudosa moralidad, con las palabras, que es lo que hacemos al comentar las palabras de otros. 

Gastón Carrasco

Escritor e investigador 

Universidad Finis Terrae

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