Por Consuelo Valdés*

Blanco de blanco es una obra de la poeta, dramaturga, y crítica literaria sueca Athena Farrokhzad, publicado por Agnición Ediciones. Esta editorial independiente se caracteriza por centrarse en textos y autores que encienden un pensamiento político crítico, oponiéndose a las estructuras académicas tradicionales. Desde esta trinchera, Farrokhzad escribe en condición de exiliada, lanzando una crítica contra el sistema político que la obligó a abandonar su tierra natal. Esta postura se refleja también en la estética del poemario, en el que la autora cuestiona los mecanismos de la censura.
Farrokhzad, exiliada de su Irán natal a Suecia en su infancia, construye en Blanco y blanco un relato que aborda no solo su destierro, sino también el de toda su familia, explorando el racismo, la identidad y la represión. La estética de la obra es particular: cada poema consiste en una cita directa de un familiar. Un ejemplo es: “Mi padre dijo: Hasta el gallo que no canta podrá ver salir el sol” (18). Esta disposición específica de los versos, junto con el uso de la letra blanca sobre un fondo negro, constituye una referencia directa a la práctica censora. El resultado es un texto profundamente significativo, de un impacto visceral, que se impone de manera disruptiva ante el lector.

Fotografía de Bestia lectora
La traducción al español, a cargo de la escritora y traductora uruguaya Lalo Barrubia, es minuciosa y logra preservar la idea central e intención del título original, Vitsvit. Según explica la traductora, este gira “en torno a la idea de lo blanco” (73), una noción que abre múltiples interpretaciones. No obstante, desde el contexto de la autora, puede inferirse que alude al racismo que ella y su familia padecieron, un tema que transciende hacia las palabras en verso.
La poeta escribe desde la experiencia del Medio Oriente, como señala la traductora. El poemario comienza con un relato contextual, pero luego la voz de la sujeto principal se desvanece para dar paso a las frases pronunciadas por su madre, padre y hermano. En estos versos se refleja el sentimiento del exilio —“Mi padre dijo: Todavía estamos allí, aunque el tiempo nos haya separado del lugar” (50)—, la búsqueda de identidad y las frases de aliento o de sabiduría van tejiendo la historia familiar y la de toda una comunidad.
Cada página está ocupada por estos versos, carentes de métrica, rima, pero sí con un ritmo o musicalidad propia de la demanda familiar, del afecto y de la desterritorialización, así manifiestan algo más crucial y profundo: visibilizar el sufrimiento de la poeta y su familia, el desarraigo de su tierra y una crítica política y social. Blanco de blanco no es, por tanto, un poemario tradicional, sino un reflejo de una vivencia infantil que, cada verso a verso, transmite al lector una sensación de pérdida, búsqueda y consuelo frente a lo nuevo y desconocido. Con su propuesta visual de letras blancas sobre líneas negras, la obra materializa esta crítica y, sin duda, no deja indiferente a quien la lea.

*Consuelo Valdés es estudiante de Licenciatura en Literatura de la Universidad Finis Terrae. Correo: cvaldesh@uft.edu
