Por Isidora Olmedo*

En la comuna de Lo Barnechea, la fundación Spirit EcC trabaja con caballos rescatados y personas en situación de vulnerabilidad para sanar heridas invisibles. Más que una terapia, es una forma de recordar lo que significa ser humano.
En una parcela silenciosa, entre árboles nativos y viento limpio, una mujer cierra los ojos frente a un caballo. Él la observa, inmóvil. No la juzga. No le exige. Solo está. Ella, tras meses de ansiedad, se siente —por primera vez en mucho tiempo— segura. Así comienzan muchas sesiones en la Fundación Spirit EcC, un proyecto chileno que une naturaleza, sanación emocional y respeto animal para recordarnos algo esencial: que la humanidad no es un dato, sino un vínculo.
La Fundación Spirit EcC trabaja con caballos rescatados del abandono o el maltrato y con personas que enfrentan situaciones difíciles: ansiedad, traumas, diagnósticos psiquiátricos o crisis existenciales. En lugar de medicar o hablar desde la teoría, proponen una experiencia viva, en la cual el caballo, animal hipersensible y gregario, actúa como espejo emocional.
“El caballo no tiene expectativas ni prejuicios. Si estás ansioso, él lo percibe. Si estás triste, se aleja o se acerca, dependiendo de lo que necesites”, explica una terapeuta de la fundación. Así, el vínculo se vuelve terapia, y la experiencia emocional no se analiza: se habita.
Este enfoque propone una forma alternativa de habitar lo humano, en tiempos marcados por la prisa, la hiperproductividad y la desconexión afectiva. En Spirit EcC, lo esencial no se mide: se siente.
Cuidar para sanar
Una de las decisiones más potentes de la fundación es trabajar exclusivamente con caballos rescatados. No buscan animales “aptos” para terapia, sino que reconstruyen la confianza y la dignidad en quienes fueron descartados por otros. Y esa ética del cuidado también se refleja en los usuarios.
“Lo que uno vive con el caballo es un reflejo de sus vínculos con las personas”, dicen en Spirit. Así, al cuidar a otro ser que también ha sido dañado, los participantes aprenden a cuidarse a sí mismos. El proceso es mutuo: el caballo sana al humano, y el humano devuelve sentido al caballo. Como señala Constanza Cuevas, creadora de la fundación, “Él ( el caballo) lee cualquier cambio energético o cualquier incongruencia que podamos tener consciente o inconsciente, porque no hay juicio”. Asimismo, Nicola Del Río, criador de caballos, dice que “Cambia el lenguaje, cambia la manera como uno se relaciona con los caballos”.
Un caballo en el hospital
En 2023, Spirit EcC dio un paso audaz: llevar a Tesoro, un caballo terapeuta, al Hospital Clínico Dávila, en pleno Santiago. El objetivo era simple, pero radical: introducir un espacio de vínculo afectivo en el entorno más frío y aséptico de todos: un hospital.
Lo que ocurrió fue inesperado. Pacientes, personal médico y familiares se acercaron, lloraron, acariciaron. “Hubo un momento de silencio colectivo, como si todos estuviéramos recordando algo olvidado”, cuenta un médico. Y eso olvidado era, probablemente, la posibilidad de sentirse humanos en medio del dolor.
En Spirit EcC no se habla de “soluciones rápidas” ni de “éxito terapéutico”. Se habla de presencia, escucha, vínculo y transformación. Lo que está en juego no es solo la salud mental, sino una forma de reconstruir la experiencia humana en comunidad: con los otros, con la tierra, con los animales. La humanidad como práctica, no como concepto.
El libro Por qué son tan lindos los caballos (2024), de Julieta Correa, se puede vincular a a este tipo de prácticas, debido a que es una exploración de cómo lo animal encarna vínculos afectivos, memorias y formas de relación que nos interpelan como humanos. El caballo no es un instrumento ni un recurso utilitario, sino un sujeto con presencia y agencia que interpela a la persona que lo mira. Además , el título del libro deja abierta una reflexión: ¿qué significa “lindo” o “valioso” en un mundo que tiende a medirlo todo por la productividad y la utilidad? Tanto Correa como el proyecto de Spirit EcC desplazan la respuesta de lo estético superficial a lo relacional profundo: la “belleza” de un caballo está en su capacidad de sostener miradas largas, de aceptar sin condiciones, de devolvernos la humanidad cuando creemos haberla perdido.
Así, en un tiempo donde el mundo parece fracturado por el aislamiento, la violencia y la prisa, proyectos como Spirit EcC nos devuelven una pregunta urgente: ¿Qué significa hoy ser humanos? Como bien nos recuerda esta fundación, ser humanos es saber cuidar. Es saber ser frágiles. Es poder vincularse con lo que también duele. Y, a veces, eso puede empezar acariciando el lomo tibio de un caballo que también fue salvado.
*Isidora Olmedo es Estudiante de Literatura de la Escuela de Literatura de la Universidad Finis Terrae
Contacto: iolmedovaras@uft.edu
