El mono y las dos partes del elefante

Por Daniela Osses*

Fotografía del Centro Cultural GAM

Animales de Trabajo (2024), escrita y dirigida por Tomás Espinosa, de la mano con Geografía Teatral, le presentan al público una puesta en escena llena de humor, sarcasmo y crítica sociopolítica en torno a las hostiles condiciones laborales y de producción en el ámbito artístico/literario. La obra sigue la línea argumentativa de Geografía Teatral al abordar temas como las relaciones humanas, la marginalidad y el sentido de humanidad en escenarios cotidianos, como en un bar en After (2006), un restaurant chino en Menú B (2008) y ahora el Zoológico Nacional. Animales de Trabajo reúne al mismo dramaturgo y director, Tomás Espinoza, junto con la actriz Bárbara Vera, que anteriormente habían trabajado en Menú B, obra teatral que logró que la compañía ganara dos Fondart en 2008.  

La historia de Animales de Trabajo sigue a tres actores profesionales, Matías, Susana y Cynthia, que luego de que en el zoológico se hayan remplazado a los animales por actores, interpretan a un mono y un elefante. El trasfondo de la obra recoge a la figura de la elefanta Fresia, que luego de vivir todo el periodo de dictadura militar, fallece tras un año del retorno de la democracia. La muerte de la elefanta marca el comienzo de una serie de eventos desastrosos de gran impacto social y cultural que inspiran a los protagonistas a realizar una rebelión escénica con el fin de exponer la precariedad laboral dentro del rubro de la actuación.    

El argumento dramático de Animales de Trabajo es una gran metateatralidad que explora el sentido de identidad en cuanto a la condición humana, pues a pesar de que los personajes se encuentren fuera de la jaula, han internalizado gestos y actitudes características del mono y el elefante. Por ende, el proyecto de rebelión escénica surge como un salvavidas para Matías, ya que le ayuda a establecer el límite que hay entre él como actor de zoológico y su papel a interpretar (mono). Lamentablemente, el humor irónico del guion no es algo de lo que todo el público pueda disfrutar, esto se debe a que la mayoría de ellos están orientados a ciertas particularidades de la actuación, lo que hace pensar al espectador que la obra está guionizada por y para actores de teatro. 

De los tres personajes el que más se destaca es el de Matías, no solo porque dentro y fuera de la jaula se distinga como individuo, sino que es el único con el que el espectador puede inmiscuirse en la puesta en escena. El público puede llegar a empatizar con él, todos han sido, o han conocido a alguien como Matías. Susana y Cynthia se presentan como una unidad, son las dos partes de un mismo ser acabado, la evolución de sus personajes es separarse y que el espectador logre distinguir cuáles son las motivaciones de cada una dentro de la rebelión escénica.

La función teatral tiene una duración de 80 minutos que transcurren de forma enérgica. Las salas del Centro Cultural GAM son acogedoras, los asientos —que por cierto son muy cómodos— están distribuidos en línea recta de manera vertical y horizontal, pero descendiente con vistas al escenario. Por lo que es natural que los primeros asientos que se vendan sean los del medio a partir de la fila D hasta la H, a pesar de que todos los elementos de la escenografía, juego de luces y música pueden ser apreciados de la misma forma desde cualquier asiento. La puesta en escena y el vestuario eran de gran ayuda para reflejar elementos materiales y simbólicos del Zoológico: la malla naranja al fondo del escenario recrea el límite de la reja de la jaula del animal y el peligro, al igual que la ropa que usaban los actores fuera de la jaula, que daban cierto aire a los uniformes que ocupan los reos en algunas partes del mundo y en producciones cinematográficas. 

Para finalizar, la calidad de la actuación y performance fue excepcional, las actrices tenían una increíble presencia escénica, independiente si eran el elefante o Susana y Cynthia, definiendo el nombre con múltiples capas de la rebelión. Al igual que Matías, quien desde la posición de las manos hasta la agilidad con la que se movía evocaba al comportamiento de un mono, de hecho, distintos tipos de mono. Cuando se encontraban los tres en escena, discutiendo, era difícil decidir a cuál observar.

*Daniela Osses es Estudiante de Literatura de la Escuela de Literatura de la Universidad Finis Terrae.

Contacto: dossesvidal@uft.edu

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