La edición de literatura asiática en Chile y Latinoamérica: un movimiento que llegó para quedarse

Por Eduardo Bustamante*

El hecho de que la cultura asiática (en particular la que proviene de Asia Oriental) ha colmado ampliamente nuestros gustos ya no es algo novedoso. Lo notamos en distintos ámbitos: la música, el cine, las series, en la estética, los videojuegos, la comida y la lista podría seguir ampliamente. La relación de Chile con países como Japón, Corea o China (en menor medida) es fuerte y visible, y durante los últimos años ha rebasado con creces lo que en un momento se creyó un fenómeno pasajero, gusto y afición de pocos, y que muy lentamente se dejó de ver con reticencia.

Si nos situamos específicamente en el campo literario, notaremos que los libros de autores japoneses, por ejemplo, llevan mucho tiempo en las listas de favoritos en nuestro país. Yukio Mishima o Yasunari Kawabata, autores de entrada en este sentido, ya no son clásicos japoneses, sino clásicos universales. En 2019, Planeta Chile lanzó la reedición de 8 libros de Kawabata bajo el sello Emecé con motivo de la conmemoración de los 120 años desde el natalicio del autor, acontecimiento enteramente pensado desde el país, gran ejemplo de la importancia del autor en el territorio. Por estos días, ya con aquella colección descatalogada, se vuelven a editar sus libros simultáneamente en Chile y Argentina, esta vez por el sello Seix Barral.

El caso de Corea es un poco más difícil de analizar ya que su literatura lleva muy poco tiempo expandiéndose en el país, pero éxitos de ventas como Almendra (Won-pyung Sohn) o Pachinko (Min Jin Lee) demuestran que llegó para quedarse, y que es un panorama al que estamos accediendo sobre todo a través de sus narradoras contemporáneas, y que viene precedido, del fenómeno del k-pop y de los k-dramas. En cuanto a la literatura china, si bien no genera un fenómeno masivo de ventas y es difícil acceder a un panorama más actualizado por su cultura más bien hermética, cuenta con fervientes seguidores. Eso explicaría, por ejemplo, que Mo Yan (Premio Nobel de Literatura en 2012) haya visitado Chile hace algunos años, dando variedad de charlas en las que dejó de ver su conexión con el continente y nuestra literatura, confesándose lector de la obra de José Donoso y otros autores del Boom Latinoamericano.

La edición independiente 

Si era posible identificar qué era lo que, llegado desde fuera, más se leía y compraba en el país, en algún momento el foco cambió y algo comenzó a gestarse desde estas latitudes. Dejando fuera editoriales con presencia trasnacional como AlianzaSeix BarralTusquetsAnagramaSalamandra o la mencionada Emecé, empezamos a encontrarnos con proyectos más pequeños e independientes que apostaban por la literatura asiática. Siguiendo el ejemplo de editoriales españolas como Quaterni o Satori, que comenzaron como proyectos pequeños en la primera década del 2000 y se han mantenido en el tiempo como ineludibles para quien desee acercarse a la cultura oriental, con catálogos sumamente extensos y volcados por completo a la misma, comenzaron a surgir en Latinoamérica proyectos editoriales que cumplen con los siguientes patrones: dedican una gran parte de su catálogo a una colección de literatura oriental, si es que no, como se ha dado en varios casos, dedican en absoluto su catálogo a la misma, o por último, tienen al menos dos o un título que se transforma rápidamente en un hit.  

Partamos por el último caso. Neón Ediciones, una editorial chilena con un catálogo muy diverso centrado en la narrativa y una estética muy personal, publica la novela Tantas sombras de la escritora surcoreana Hwang Jungeun (1976) en 2022, y se convierte en un gran acierto editorial, que comienza a popularizarse en distintas ferias de libros y a través de redes sociales, llevándola a su tercera edición en 2024. Otro ejemplo de este caso es el que se da en el catálogo de la joven editorial Oso de agua, dedicado casi por completo a la poesía chilena. Entre las excepciones, está la bella edición que publicaron de Cuentos del antiguo Japón a finales de 2023, una compilación de cuentos tradicionales japoneses traducidos al español por Gonzalo Jímenez de la Espada a principios del siglo XX que decidieron acompañar con bellas ilustraciones de Utagawa Hiroshige, resultando un libro de un formato muy bello y poco explorado en ediciones locales.

Algo común entre estos títulos y su recepción es la buena acogida que reciben en ferias, que en los últimos años han proliferado y adquirido cada vez más importancia para editoriales independientes y emergentes en Chile. Ya no hablamos solo de un par de ferias “oficiales” al año, donde antaño solían verse unos pocos puestos de grupos editoriales trasnacionales, sino de una red compleja y variada, cada una respondiendo a distintas temáticas, intenciones y públicos. Dos nombres encabezan, en importancia, esta red: la Primavera del Libro y, principalmente, la Furia del Libro.

Ya sea por su atractivo visual o, sin más preámbulos, por su origen oriental (habría que poner énfasis en este fenómeno y abrir una discusión, claro; ¿todo lo oriental nos producirá en adelante lo mismo?), los libros mencionados más arriba acaparan atención en sus stands de origen. 

Muchas veces, inclusive, son libros “puente” que atraen a un lector hacia el resto del catálogo. No es casual que ambos ejemplos, en sus respectivas fechas de publicación, fueran mostrados por primera vez en el contexto de una feria (Tantas sombras, en una edición de la Primavera del Libro; Cuentos del antiguo Japón, en la primera versión de la Furia del libro realizada en el Centro Cultural Estación Mapocho), instancias mucho más atractivas en tanto el stand puede ser más que una mesa con libros, sino de lleno, una propuesta estética. Es lo que he visto, en mis últimas visitas a distintas ferias, en los stands de Noctámbula (editorial que dedica gran parte de su catálogo y sus colecciones a literatura japonesa) o Abducción (editorial que, en la actualidad, lo dedica por completo a la misma), que entre libros disponen postales, stickers, marcapáginas y afiches en torno a sus libros o a Japón. No sería errado mencionarles como las editoriales representantes de este boom japonés en Chile, en términos de número de publicaciones e importancia de estas.

Noctámbula y Abducción: representantes de un movimiento

En el caso de Noctámbula, editorial que publica literatura latinoamericana y japonesa dirigida por Mónica Drouilly (escritora, traductora y dramaturga), la balanza se inclina hacia la poesía. En su colección Omamori, podemos encontrarnos con bellas ediciones bilingües de Sakutaro Hagiwara o Kaneko Misuzu, poetas contemporáneos japoneses difíciles de encontrar en español, Tamiki Hara, uno de los autores más reconocidos de la llamada “literatura de la bomba” o Genbaku Bungaku y también con clásicos como Basho, el gran maestro del haiku, forma poética japonesa a la cual la editorial dedicó su más reciente colección, @elhaikudeldia. Inaugurada en 2023, recibe su nombre del perfil de Instagram de difusión que Mónica mantiene desde hace unos años, que hoy llega a más de cien mil seguidores. Junto a Satori, Noctámbula podría ser el único caso de una colección exclusivamente dedicada al haiku (editoriales españolas como Hiperión y Miraguano son pioneras en traducción de haiku, pero siempre dentro de un catálogo general), y que de momento ha publicado a Taneda Santoka y Hisajo Sugita, quienes revolucionaron en forma y tema el mismo.

Si nos vamos al caso de Abducción, tendríamos que situarnos en el giro radical que supuso para la editorial dirigida por J.C. Cortés (escritor, editor y traductor) la publicación en 2020 del libro Fin del verano, de la poeta japonesa de vanguardia Chika Sagawa. Desde entonces, el catálogo comenzó a centrarse casi exclusivamente en literatura nipona, destacando el rescate de gran parte de la obra de Ryu Murakami, uno de los narradores japoneses contemporáneos más importantes (y extrañamente dejado de lado con el paso de los años por Anagrama y Seix Barral), publicando AudiciónDecadencia de TokioSopa de miso y Piercing, hasta la fecha. Dos de ellos, nunca traducidos al español. Entre otros de sus innegables aciertos, está la publicación de la obra de Juza Unno, escritor de ciencia ficción japonesa (un género poco traducido a nuestra lengua), el rescate de los clásicos Indigno de ser humano El ocaso del escritor Osamu Dazai -el primero un título de un éxito incomparable en los últimos años-, la publicación de poesía japonesa y vietnamita clásica y, más recientemente, el estreno en Chile de las llamadas “novelas ligeras” (novelas japonesas relacionadas directamente con el mundo del manga y el animé) con la publicación de ¡Bienvenido a la N.H.K.! de Tatsuhiko Takimoto.

Breve historia Otaku

Por cierto, no es el primer caso de una editorial que hermana el mundo de la literatura, el manga y el animé. Lo han hecho Zero Ediciones y Biblioteca de Chilenia de un modo muy particular: publicando ensayos y estudios sobre la influencia que el fenómeno “Otaku” ha dejado en Chile y el legado de esta tradición, en títulos como Neo Tokio. Historia del animé en la cultura chilena de Wladimyr Bernechea, ¡Sal de ahí, Shenlong! 20 años de Dragon Ball en Chilede Paulo Delgado (presidente, además, de la Fundación Japonistas Chile, dedicada a la difusión de la cultura nipona en Chile y de los nexos entre ambos países) y Otaku. Cuatro décadas de cultura popular japonesa en Chile de Jacqueline Herrera, que se adelantaron a este boom cultural varios años antes que explotase de tantas maneras como podemos ver hoy.

China y el trabajo de LOM Ediciones

Si lo vemos de esa manera, otra editorial que se adelantó al furor asiático fue Lom Ediciones, con una silenciosa pero constante dedicación a la publicación de literatura china, caso posiblemente único en el país. De la mano, sobre todo, del traductor Miguel Ángel Petrecca (traductor argentino que también ha publicado traducciones desde el chino para Adriana Hidalgo y Gog y Magog, entre otras editoriales), Lom nos ha legado diversas antologías de poesía y relato tanto clásicos como modernos, así como libros de Lu Xun, Xiao Hong, Ah Yi, entre otros. Su publicación más reciente, El sonido de la sal formándose, es una antología de narradores post ’80, reconocidos a partir de la década del 2000. Pocas editoriales se han sumado a la publicación de literatura china o sobre China en el país, pero podemos encontrar algunos casos aislados en los catálogos de TácitasCinosargo o Simplemente Editores.

Literatura asiática en nuestro continente: Perú, Colombia, Argentina

La publicación independiente de literatura asiática se ha dado en otros países del continente a la par que en Chile, a diferentes ritmos pero siempre de una manera seria, dedicada y constante. En Perú, el Fondo Editorial de la Asociación Peruano Japonesa ha hecho un trabajo enorme en cuanto al rescate de la cultura literaria que produjo la inmigración japonesa en el país, y también publicando nuevas traducciones de clásicos invaluables de la tradición nipona: El relato de GenjiEl diario de Tosa El diario de Izumi Shikibu, entre varios otros textos en ediciones de estudio. En Colombia, la editorial Tanuki Libros ha rescatado en su colección Tsundoku sobre todo autores japoneses del siglo XX, entre los que encontramos a Juza Unno (nuevamente), Toshiko Tamura y Kyusaku Yumeno. Sus ediciones, por lo general de formato pequeño, se presentan bajo una estética muy colorida que emula el estilo animé en sus portadas. Y, el caso quizá más cercano a la fiebre que podemos presenciar en Chile, y al que por suerte podemos tener más acceso que a los anteriores es el del panorama de Argentina. 

Aquí nos encontraremos con dos grandes “representantes” de un grupo de editoriales no menor. La primera es También el caracol, que con su colección Bosque de bambú, dirigida por el escritor y abogado Miguel Sardegna, ha tenido publicaciones tan importantes como Flores de la bufonería, la “precuela” de la ya mencionada Indigno de ser humano de Osamu Dazai, o Bajo un cielo cargado de nieve, la primera antología en nuestro idioma que reúne textos de la llamada literatura proletaria japonesa, género acallado en su tiempo (por obvias razones políticas) o Mandalas, una diversa antología de poesía japonesa que nos trae por primera vez poemas de Yukio Mishima, entre otros nombres menos conocidos y nunca antes traducidos. Y esto solo por mencionar algunos, porque su catálogo crece constantemente, la mayoría de las veces con libros nunca traducidos antes al español. 

La otra “representante” es Hwarang, acaso la única editorial en español volcada por completo a la publicación de literatura coreana, tanto clásica como moderna (quizá en número de títulos debemos considerar a Verbum, pero recordando que la literatura coreana es solo una parte del extenso catálogo de esta). Dirigida por Nicolás Braessas, editor y traductor, la editorial fundada en 2019 con apoyo del Literature Translation Institute of Korea, se ha caracterizado por una estética muy llamativa apelando al uso de ilustraciones la mayor de las veces originales, ediciones de calidad y un panorama muy diverso de la literatura coreana actual. En el formato de antología, han editado Laberintos de neón y Solo las mujeres desaparecen. Ambas reúnen relatos solo de escritoras contemporáneas: la primera, sobre temáticas de la vida moderna y la urbe coreana; la segunda, de la violencia hacia la mujer que marca al país. En esa línea, también publicaron ¿Por qué te empeñas en sufrir así? Pioneras del feminismo coreano, libro que reúne textos de escritoras en el contexto del proceso de modernización de Corea a principios del siglo XX. Pasando por novelas contemporáneas, un libro de cocina, la edición de poesía contemporánea y la reedición de textos anónimos clásicos de la tradición literaria del país, dos libros destacan en su catálogo por su peculiaridad: Hwaiting, un pequeño y hermoso libro ilustrado que presenta palabras intraducibles de la lengua coreana a nuestro idioma, y su explicación; y Planta a planta comienza la tierra. El sijo coreano, un hermoso título que presenta la forma poética del sijo, la más importante de la tradición coreana, nos introduce en sus características y luego reúne los poemas escritos por veinticuatro poetas de nuestro continente invitados a entender y recrear sus propios sijos. Si bien También el caracol tiene presencia en algunas librerías más específicas de Chile, Hwarang ha tenido una presencia muy marcada, además de en librerías, en las distintas versiones de la Furia del libro que se han hecho en los últimos años, formando un nicho de seguidores muy vivo en el país.

Hay otras editoriales independientes argentinas dedicadas a traducir y publicar literatura asiática, por supuesto. Vale mencionar entre ellas a Adriana Hidalgo, en tanto narrativa china y japonesa y también textos clásicos japoneses como El libro de la almohada o a Bajo la luna, que publicó literatura coreana antes del boom que supone hoy en día e inclusive una Historia de la literatura coreana del siglo XX. Entre su catálogo se encontraban libros como Tengo derecho a destruirme de Kim Young-Ha o La vegetariana de Han Kang, este último una verdadera joya hoy en día. Con menos títulos pero aún presentes, están también Evarito editorial, Eterna Cadencia (que destaca con su colección dedicada al escritor Kobo Abe) o el sello editorial del MALBA.

¿Proyecciones?

¿Cómo vemos este entusiasmo ante lo asiático de cara al futuro? En mi opinión, no hace otra cosa que crecer. Son cada vez más las editoriales que apuestan por tener al menos un título asiático en sus catálogos, más distribuidoras traen editoriales extranjeras dedicadas a literatura asiática y cada vez hay más instancias en torno a la misma: clubes de lectura, talleres, seminarios y charlas (desde ámbitos autogestionados hasta avalados por universidades). En redes sociales, particularmente, existen muchas cuentas de reseñas o bookstagramers dedicadas en específico a literatura asiática (@lecturas_niponas, @literatura.asiatica, @libros.asia, entre muchas otras) con miles de seguidores, y cada marzo muchas cuentas se suman al #marzoasiático, una iniciativa para dedicar el mes a lecturas en específico asiáticas. Por lo visto, no es un fenómeno que vaya a terminar pronto. Pero sí es necesario complejizarlo, ver cuánto tiene que ver con “ser parte” de un movimiento comercial y cuánto es parte de una intención genuina de acercarnos lecturas desconocidas en nuestra lengua, y de gran valor. 

Eduardo Bustamante. Librero. Licenciado en Literatura y colaborador de Fundación Japonistas Chile. Realiza talleres de literatura japonesa contemporánea. Correo: ebustamantef@uft.edu

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