Identidad gráfica, geometría y color en Overol

Por Aybiana Rodríguez*

Mis manos, al elegir un libro para llevar a la cama

o al escritorio, para el tren o para un regalo, prestan

tanta atención a la forma como al contenido

(Alberto Manguel, Una historia de la lectura, 2014)

Probablemente todo lector (y no lector) siente una fuerte atracción por el aspecto físico de los libros. Sin duda el dicho popular no se equivoca al señalar que, en cierta medida, todos juzgamos a un libro por su portada. Alberto Manguel en Una historia de la lectura (2014) apunta a este mismo (pre)juicio: “juzgo los libros por su cubierta, juzgo los libros por su forma” (139). Por mi parte, coincido, los juzgo fervientemente o al menos mis ojos y manos lo hacen, si bien me gusta leer, también me gusta mucho el aspecto de los libros; entre tanta diversidad de formatos, tamaños y diversidad de colores que invitan a mis sentidos a hacerse parte. Todo esto se ve propiciado por una cultura digital-material que el ecosistema del libro toma (claramente no siendo el único sistema de creación y circulación de contenidos, como el publicitario, sin ir más lejos) herramientas tecnológicas y técnicas para el desarrollo de sus libros-objetos. Respecto a esto último, no refiero a alguna definición en específico, más bien, apuntar explícitamente a considerar el libro en su dimensión material-objetual, susceptible de ser aprehendido a través de los sentidos, susceptible de ser considerado más allá de su contenido literario, escrito, poético y creativo en cuanto a su contenido. Antes de terminar este preámbulo, me parece pertinente señalar lo que Antonia Viu profundiza en Materialidades de lo impreso (2019) donde, si bien, el énfasis refiere a la producción de revistas (entre otras materias de producción masiva), principalmente, se plantea una concepción de cultura impresa desde una materialidad más allá de los aspectos tradicionalmente considerados: “(…) una materialidad que supone ver lo impreso como un lenguaje en el que se ensamblan una serie de elementos con una temporalidad e intensidad propias, dadas por sus posibilidades técnicas y las prácticas de las que han formado parte” (10). En definitiva, pensar los libros, las portadas, los diseños, los lectores en su ensamblaje y posibilidades de interacción.

            Ante esta reflexión, me centraré en Overol, una editorial que —a mí parecer— por excelencia es el ejemplo de la exploración y materialización de las posibilidades gráficas en cuanto al trabajo en diseño de portadas y libros (pensados en la complejidad del proceso de composición y confección). En particular, el “fenómeno” del reconocimiento de Overol para los lectores o simplemente interesados en los libros, así como quienes participan de alguna u otra forma en el ecosistema del libro es bastante interesante debido a lo fácil que es identificar sus diseños, formatos y portadas. Recuerdo a mi pareja, en alguna feria de libros en Santiago, mencionar lo llamativas que eran las portadas de unos libros, “ah, ¿cierto? Son Overol”, le respondí.

Vectores, ensamblajes y prácticas editoriales

En lo que respecta a la imagen de Overol, hay un cuidado evidente, un sentido estético, coherencia tanto en la línea editorial como en el diseño donde los libros son sumamente llamativos debido a la paleta de colores (su intensidad y vibración, en especial), el juego entre cada color seleccionado (principios de selección), entre los diversos estilos recursos gráficos y materiales que potencian el aspecto objetual de los libros. Fundada el 2015, con base en Santiago de Chile, Daniela Escobar y Andrés Florit conforman el sello editorial Overol bajo el cual se dedican a la publicación mayoritariamente de poesía, narrativa, ensayos e incluso libros de trabajos visuales. En una conversación con Daniela Escobar fue posible profundizar en estas materias, así, principalmente Daniela se encarga del diseño de las portadas, además de otras labores derivadas en lo que refiere mantener un sello editorial, como lo son actividades de comunicación, RR. SS., prensa y logística. La identidad gráfica que —yo referí como anécdota— fue, indica Daniela, un trabajo que se asentó en el camino, primeramente, a través de la experimentación con distintas formas gráficas, lo cual es bastante evidente si revisamos publicaciones de los primeros años de la editorial, ya que distan del trabajo que se aprecia en sus ediciones actuales, aunque da cuenta de ciertos formatos que se mantienen y han sido profundizados con el tiempo, como lo son cierto estilo tipográfico, el uso de formas geométricas y de colores sólidos, entre otros elementos. 

Ejemplar de los inicios de Overol (2015-2016)

Esto, indica Escobar, surge en un momento en que en Chile no existían tantos sellos que utilizaran un gráfico de patrones, al menos no dentro del circuito independiente, en especial si se lleva al ámbito de las portadas o los medios de comunicación como lo son afiches promocionales o invitaciones. Así, con el paso de las publicaciones, el sello se asienta y materializa al insistir en un mismo lenguaje gráfico, vectorial y geométrico, junto a esto, se utiliza una paleta de colores más variada, pero estable, lo cual genera una variedad gráfica que posibilita la variación de los elementos, de esta forma se evita lo monótono; en un sentido distinto a lo reiterativo, ya que el aspecto gráfico hace un uso intencionado para su provecho, en particular, los patrones que remiten a un lenguaje como, por ejemplo, el lenguaje de la poesía que oculta sus significados tras la forma escrita. Según Daniela expresa, las publicaciones del catálogo tienden a coincidir con formas particulares de narrar o de pensar trabajo en torno a la creación del texto, al lenguaje. Mientras que en poesía se encuentran formas de expresar que se resisten al tema, reiterativas, muchas veces, en narrativa se publican reflexiones sobre el lenguaje, no tan centrados en una temática. A veces las portadas proporcionan una información icónica a través de patrones que dialogan con los vínculos lingüísticos y significantes, los ritmos (o patrones) y colores de la obra, de esta forma se traduce desde lo figurativo a lo textual o viceversa con el propósito de que acompañen gráficamente la lectura para que el lector pueda seguir construyendo su imaginario, su relación con el libro.

Ejemplares publicados recientemente por Overol en narrativa, poesía, crónica y ensayo y teatro, respectivamente (2022-2023)

Este lenguaje abstracto permite dialogar con otras aristas del texto, ritmo, patrones, colores, sonido, así, tales hilos conductores, patrones, formas y lenguajes permiten a Daniela identificar y tomar como partida lo evidente (o lo oculto, temáticamente), al encontrarse a cargo de la edición y/o revisión. De esta manera, es una lectura o traducción (en sentido figurativo) conjunta de los elementos que decanta en la creación de las portadas, en la proyección de tal información en patrones y colores. Sin embargo, señala Daniela, este proceso también es experimental y aleatorio, a su vez, un trabajo conjunto esencial para el sello que se realiza en colaboración con l-s autor-s, donde se respetan sus decisiones y se adoptan sus propuestas.

            En síntesis, todo esto contribuye a la construcción de la identidad del sello, lo que agiliza los tiempos de producción al construirse una base o archivo de colores y diseños que sirven como puntos de partida para la posterior selección y trabajo. Además, explica Escobar, tales prácticas facilitan el trabajo de reconocimiento a la vez que permite que los lectores se relacionen de una manera particular, emocional y material, en medida que a estos también les atraen otras características que vuelven la lectura amena, como lo son la selección de una tipografía cómoda, la cual invite a mantener la lectura, así como un papel acorde que permita un contraste confortable para la vista.

Si bien es difícil concluir esta conversación, es pertinente destacar lo que Daniela Escobar indica en torno al trabajo y oficio que se ejerce desde el sello editorial, este trabajo se ve potenciado también por las dificultades de presupuesto, lo que obliga y permite insistir con los mismos materiales, así se conforma, según indica, una relación más estrecha, donde se aprenden las mañas, los comportamientos en la combinación de colores o formas que funcionan mejor al trabajarlo en el formato impreso. Además, expresa, es imprescindible conocer el panorama gráfico contemporáneo ya que esto permite una aproximación desde el oficio de l-s diseñador-s, a su vez, implica involucrarse en las distintas instancias sociales que rodean a los libros. Sin duda un punto clave dentro del circuito y ecosistema del libro, más con la reactivación de las ferias y posibilidades de interacción entre sujetos y entre libros.

Referencias bibliográficas

Manguel, Alberto. «Las formas del libro». Una historia de la lectura. Siglo XXI, 2014, pp., 139-161

Viu, Antonia. Materialidades de lo impreso. Revistas latinoamericanas 1019-1950. Metales Pesados, 2019.

*Aybiana Rodríguez es encargada del archivo CIDOC de la Universidad Finis Terrae. Correo de contacto: aybianar@gmail.com

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