Por Pía Fuentes

Ir al Anfiteatro Bellas Artes jamás decepciona, ya sea por su inmenso esfuerzo y labor de democratización cultural -es una de las pocas salas de teatro de Santiago que funciona “a la gorra”, es decir, con un aporte monetario de acuerdo al bolsillo del espectador-, o bien porque tiene una cartelera escogida con pinzas y una línea estética muy clara. En esta ocasión deslumbró al público con el remontaje de Bajo la gris silueta del Peumo a cargo del Colectivo Topos, obra de egreso de la Universidad Mayor escrita por Juan Pablo Troncoso y dirigida por Javier Casanga.
Bajo la gris silueta del Peumo, además de contar con un excelente montaje, aborda -de manera muy conmovedora- cómo los valores se ven refractados por las instituciones familiares y permean de manera individual en cada uno de los integrantes que la componen. La obra ha sido un panorama cultural imperdible en estos días fríos y se llevó a cabo en el anfiteatro que está ubicado a un costado del Museo de Bellas Artes en José Miguel de La Barra 650. Este contó con funciones los días 10, 11, 17 y 18 de junio, a las 18:00 hrs.
Bajo la gris silueta del Peumo nos sumerge en la historia de Alegría, una chica que llega a una extraña, lúgubre y sombría casa en busca de su amiga Alicia. En ella se encuentra con una familia particular, marcada por un exacerbado conservadurismo y amor a Dios, la cual parece habitar una temporalidad alterna, donde todos los personajes están obnubilados, absortos en sí mismos y miran un punto fijo como si nada sucediera a su alrededor. Sin embargo, cuando la protagonista pregunta por su amiga, le entregan respuestas confusas que se alternan entre: hace un tiempo yace enferma, está agonizando, e incluso que ya ha muerto. Así es como Alegría empieza a descender en el espiral de locura familiar y se ve acorralada tanto bajo las cuatro paredes de la casa, como por cada uno de los integrantes que comienzan a llamarla por el nombre de su amiga. A su vez, Alegría comienza a percibir a Alicia como una sombra que se aparece por la casa, esta le dice que huya en cuanto pueda, pero la protagonista termina por comprender qué Alicia no es su amiga, sino un difuso reflejo de su persona.
La escenografía a cargo de Elizabeth Perez, Sebastián Escalona y José Miguel Carrera, es minimalista pero está bien ejecutada, ya que está compuesta de manera tal que ninguno de los detalles de su factura es arbitrario. Sobre el escenario se despliega una estructura blanca que hace de pared de fondo, y a sus pies cuenta con unos escalones del mismo color en tres niveles de altura. Frente a la pared, a modo de jardinera, se alza un Peumo seco, como si hubiese sido consumido por las llamas. En dicha estructura transcurren los acontecimientos en una escala de blancos, grises y negros, la piel de los actores está cubierta hasta la punta de los dedos de un tono espectral que contribuye a la atmósfera onírica en la que está envuelta la obra. Del mismo modo lo hace el vestuario -compuesto por Javiera Silva-, ya que todos los personajes están vestidos de riguroso blanco con ropajes drapeados. La indumentaria remite al imaginario de una familia conservadora, blusas sin escote, faldas hasta la rodilla, zapatos de vestir, pero con un vuelco hacia la rebelión que ansían los personajes, hombres de pelo largo, labios de rojo carmín y camisa abierta. Finalmente, lo que termina de sellar la ambientación de este lugar extraño e inhóspito es la musicalización compuesta por Alejandro Miranda especialmente para este montaje.
Lo que más destaca de la obra es la impecable puesta en escena de los actores -elenco compuesto por: Matilde Stuardo, Javiera Vargas, Oscar Lara, Valentina Muñoz, Carlos Mondaca, Daniela Tarifeño, Victor Ruiz, Kevin Moya, Claudio Espejo, Catalina Sepulveda y Josefina Cortés-, que con una entonación intencionalmente dramática y exagerada, logran encarnar personajes profundos y definidos que contribuyen al argumento inicial del guión sin caer en lo cliché a pesar de representar estereotipos; un padre cegado por el amor de Dios, cuya devoción justifica todo acto de violencia hacia su familia y que se atrapa a sí mismo en constante contradicción, un hijo “mamón” y “amanerado” incapaz de abandonar la casa familiar, a pesar de los maltratos argumentados bajo el nombre de protección. Un hermano que no soporta la vida y arrastra su carne como mártir, una hija que quiere ser actriz de teatro porque lo único que aprendió de su familia es a utilizar máscaras, una madre resignada a la familia porque conoce “cuál es su lugar en el mundo” y finalmente Alicia, una joven que perdió por completo su identidad y se apagó hasta desaparecer bajo su gris silueta.
Otra particularidad de la puesta en escena es cómo se despliegan las acciones, ya que en todo momento los personajes actúan de manera frontal, es decir no se miran entre sí, sino que posan sus ojos de manera fija sobre el público, de esta forma pareciera que se interpela a los espectadores, además de los personajes a quienes le dirigen la palabra. Decisión de montaje que parece muy acertada considerando que la obra retrata la incomunicación familiar y cómo esta repercute en su integrantes. Cabe destacar que esta actuación frontal se da en diferentes capas de profundidad, ya que mientras las luces enfocan a un personaje en el primer plano, no dejamos de ver lo que ocurre en el fondo, aunque los actores se queden estáticos. Otro elemento que se introduce en la obra es una reflexión sobre el quehacer de los actores de manera metaficcional, ya que reiteradamente la familia -a propósito de la hija que quiera ser actriz-, menciona lo denigrante, nefasto y terrible que consideran el oficio, además de ridiculizar lo “incomprensible” de las obras de teatro.
En suma, Bajo la gris silueta del Peumo cuenta con una escenografía delicadamente pensada para su montaje, al igual que su vestuario, maquillaje y banda sonora, elementos que en conjunto construyen una atmósfera onírica, espectral y lúgubre en la que se desenvuelve la trama. Los personajes están claramente definidos y la interpretación destaca por sobre todas las cosas, además de las ingeniosas particularidades de la puesta en escena. El guión de Juan Pablo Troncoso conmueve hasta las lágrimas, tanto por su alto contenido poético, como por sus reflexiones. La institución familiar no es siempre el nido acogedor, la contención y la incondicionalidad, sino que en ocasiones no es más que un mecanismo de control y una obsesión por aparentar lo que socialmente se percibe como bienestar, esto empuja a los individuos a postergarse a sí mismos y no ser más que su pobre y gris silueta.

Dramaturgia: Juan Pablo Troncoso Chandía
Dirección: Javier Casanga
Asistencia de Dirección: Amada Libertad Ceballos Ramírez
Elenco: Josefina Cortés Paredes, Claudio Espejo Villegas, Oscar Lara Contreras, Carlos Mondaca Rojas, Kevin Moya Zúñiga, Valentina Muñoz Villanueva , Victor Ruiz López, Catalina Sepúlveda Olguín, Matilde Stuardo Noguera, Daniela Tarifeño Muñoz, Javiera Vargas Paredes.
Diseño Integral: Sebastián Escalona
Diseño Sonoro: Alejandro Miranda
Diseño y realización de vestuario: Elizabeth Pérez Neira
Diseño de escenografía y gráfico: Sebastián Escalona
Diseño de iluminación: José Migue Carrera
Realización de Escenografía: Taller José Rojo
