La crítica chilena del siglo XX: Omer Emeth, Alone, Ignacio Valente y Camilo Marks

Por Amapola Manríquez

Desde el inicio de los tiempos, los seres humanos sintieron la irresistible necesidad de crear y comunicarse. Una de las maravillas confeccionadas por la humanidad son los libros, objetos que pueden contener distintos conocimientos o ideas dispuestas por su autor. Sin embargo, cada mente es distinta, por lo que siempre existen distintos puntos de vista con respecto a un mismo asunto. En este contexto, la crítica literaria surge como una ciencia que permite el análisis de diversos textos literarios con el objetivo de examinar el valor o calidad de una obra. Este fenómeno tuvo su mayor auge en Chile durante el siglo XX con las figuras de Omer Emeth, Alone, Ignacio Valente y Camilo Marks. 

Considerando la trayectoria de estos estudiosos ¿no es pertinente dar el mismo trato que ellos otorgaron en su momento a variados títulos, pero esta vez dirigido a su propio desempeño como críticos? El objetivo de este texto de investigación es realizar un análisis a las estructuras y lenguajes empleados por los cuatro literatos en el diario nacional El Mercurio, para descubrir cómo los juicios de estos académicos fueron determinados según su contexto social e histórico. La organización de la información se realiza en un orden cronológico que considera los años de nacimiento de cada uno. En este sentido, se visita a Omer Emeth, luego a Alone, posteriormente a Ignacio Valente y finalmente a Camilo Marks.

  1. Omer Emeth: el autoproclamado portador de la verdad

Emilio Vaisse nació el año 1860 en el sur de Francia, país donde estudió y se desarrolló como sacerdote misionero. Si bien llegó al territorio nacional en 1886, fue introducido al mundo literario chileno en 1906 gracias al director del diario El Mercurio (Feliu 4). Fue en ese preciso momento donde surgió Omer Emeth, seudónimo que traducido desde su origen en lengua hebraica significa “yo soy el que dice la verdad”. Vaisse, ahora Emeth, se mantuvo activo en el ámbito humanista chileno desde 1906 hasta su muerte en 1935, trabajando no solo en el diario anteriormente mencionado, sino también en la Biblioteca Nacional como Jefe de la Selección de Informaciones (Yutronic 18-22).

 Al revisar las críticas del francés publicadas en El Mercurio, con especial interés en “Movimiento literario: Capachito” y “Movimiento literario: paréntesis sobre escuelas literarias, a propósito del Manifeste du surréalisme”, se descubre una estructura recurrente. El literato comenzaba con un párrafo que capta la atención del lector gracias a una información curiosa o un contexto histórico, ambos relacionados directamente con el relato a criticar. Posteriormente, Omer Emeth resumía el contenido del texto sin entregar detalles demasiado reveladores con respecto a su contenido. Precisamente, en esa misma parte de la crítica el francés entregaba algunas oraciones que dejaban al descubierto sus puntos de vista, adelantando parte de sus juicios. Seguido de esto, Emeth daba paso al desarrollo de su análisis justificado con más información sobre conceptos o espacios referenciados en las obras estudiadas. Finalmente, el académico cerraba sus argumentos en el último párrafo y añadía una sección de glosario. 

La estructura empleada por Emeth es adecuada, con unos inicios interesantes que invitan al receptor a continuar con la lectura. Además, el sacerdote demuestra un especial interés por sus lectores al añadir un glosario con la terminología utilizada, para que estos logren comprender el mensaje en su totalidad. Estos detalles demuestran que para este literato francés la recepción y comprensión de parte de su público era un objetivo crucial. Posiblemente, esta escritura elegante fue lograda gracias a dos elementos: los viajes misioneros de Vaisse (que le permitieron enseñar a personas que no hablaban su lengua materna) y el privilegio de recibir educación en Europa.

En aspectos negativos de su crítica, en algunas ocasiones este ferviente deseo de instruir a otros con su verdad produce que Emeth subestime a su audiencia. Ejemplos de esta actitud ocurren en “Movimiento literario: paréntesis sobre escuelas literarias, a propósito del Manifeste du surréalisme” cuando el francés decide omitir la importancia de 16 «superrealistas» bajo la justificación del “poco impacto” que ellos tuvieron en el movimiento cultural, llamándoles meras equis. Añadido a esto, Omer Emeth añade un posible contraargumento del lector, para luego afirmar que estas objeciones no son dignas de discutir debido a su poca solidez.

Otros ejemplos de aspectos negativos en la escritura del sacerdote se demuestran en “Movimiento literario: Capachito”. Obviando los dichos machistas sobre la joven Capachito —debido al contexto histórico detrás de esta crítica—, lo que no puede ser justificado son los insultos a los campesinos sureños que el académico utilizó con la excusa de elogiar la colección de cuentos Capachito por su retrato de la vida en el campo. Les llama antipáticos e infiernos grandes en sus pequeñas poblaciones, mientras engrandece al autor de la obra por retratar a estas personas de dicha forma.

Omer Emeth era una persona inteligente, con vastos conocimientos en el área de las humanidades gracias a sus actividades misioneras y el privilegio de nacer y estudiar en Europa. Si bien, las actitudes del crítico con respecto a su público pueden ser confusas en algunos momentos, la trascendencia de su estilo y calidad de su crítica es innegable. 

  1. Alone: la calidad de la autosuperación

Hernán Díaz Arrieta nació en Santiago en el año 1891 y falleció en 1984. Con padres agricultores, su infancia fue humilde; tenía doce hermanos, vivía en el campo y su educación primaria fue realizada en casa bajo la tutela de su hermana. Posteriormente, estudió en el Seminario de Santiago con una beca regalada a la familia. En los inicios de su adultez joven, inició tres carreras universitarias (humanidades, ingeniería comercial y odontología) pero decidió abandonarlas luego de estudiar aproximadamente un año en cada una (Leyton 87). Con respecto a su trayectoria humanista, en 1912 creó su seudónimo “Alone” luego de publicar «Una carta cerrada» y «Diario íntimo” en la revista Pluma y lápiz. Primero trabajó en el diario La Nación desde 1921 a 1939 como crítico, pero se consolidó en el rubro gracias a sus crónicas literarias en El Mercurio. Al igual que Emilio Vaisse, Díaz era de religión católica (Leyton 88).

La estructura presente en las críticas de Alone sigue el mismo patrón: los párrafos introductorios aluden a los orígenes del autor o a temáticas de la obra analizada, luego se estudia la calidad del texto o la pertinencia de forma y finalmente el académico refuerza su posición favorable o desfavorable con respecto a la obra en los últimos párrafos. Contrario a Omer Emeth, su lenguaje es más directo: Alone emplea verbos y adjetivos mayormente conocidos por el público general con el posible propósito de ampliar la recepción de su mensaje. Además, cabe destacar que el literato coloca dos críticas por cada página de “Crónica Literaria”, a excepción de “Crónica Literaria: El compadre Mucho Gasto. Por Julio Barrenechea” publicada en Talleres de El Mercurio.

Los aspectos positivos que conlleva la escritura de Hernán Díaz es la claridad de sus mensajes. Como se mencionó anteriormente, Alone utiliza un lenguaje simple, pero formal. Al leer rápidamente una de sus críticas, se comprende de inmediato la posición que el estudioso tiene sobre la obra en cuestión. Además, el académico añade comparaciones adecuadas para reafirmar sus apreciaciones, generalmente ilustradas por cultura general. En “Crónica literaria: “Samuel”, por Braulio Arenas”, se vislumbra una de estas instancias: “Tal como se nos ofrece, debemos reconocer que causa una impresión desconcertante, como podría ser la de un pintor que quisiera emular a Miguel Ángel con los elementos de la acuarela o el pastel” (5).

Los aspectos negativos de la crítica de Díaz van de la mano con su desdén por alguna obra examinada en su espacio. Al poseer un lenguaje menos metafórico que otros en su rubro, Alone insulta de forma más directa que sus colegas a la hora de entregar una crítica negativa. Ejemplo de esto es su crítica a El compadre Mucho Gasto; el literato no oculta bajo metáforas su ácida postura con respecto a esta novela picaresca, afirmando lo siguiente respecto a ella: “Mucho gasto de palabras y mucho de paciencia para repetir aventuras mediocres, peripecias innecesarias y toda clase de gestos superfluos, único producto que puede dar la vaciedad del cerebro” (E3). En su desilusión, Alone no solo ataca al texto, sino también al autor con su último comentario.

Hernan Díaz logró superar las adversidades, creando una carrera literaria exitosa a pesar de las adversidades que vivió por su origen poco privilegiado. Sus críticas son adecuadas y divertidas de leer. A pesar de los comentarios negativos mencionados anteriormente, la escritura de Alone se destaca por la claridad y precisión de sus ideas.

  1. Ignacio Valente: el buen uso del privilegio

José Miguel Ibáñez Langlois nació en Santiago en 1936. En su niñez estudió en el Saint George’s College, lugar donde desarrolló sus habilidades humanistas gracias a la Academia Literaria “El joven Laurel”. Posterior a esto, Ibáñez realizó sus estudios universitarios en Europa: pregrado de periodismo en la Universidad de Navarra y dos doctorados sobre filosofía y letras en la Universidad de San Juan de Letrán (Roma) y la Universidad Complutense de Madrid respectivamente. Comenzó a ejercer como sacerdote en 1960, sin embargo en 1966 se dio inicio a su recorrido como crítico literario en el diario El Mercurio (Morales 117-118) adoptando el seudónimo Ignacio Valente. Es parte de la ACSPM[1] desde 1976, también ha trabajado como profesor y capellán en la Universidad Católica de Chile y la Universidad de los Andes.

Con respecto a la estructura de sus críticas, Valente evita realizar introducciones al tema y se adentra inmediatamente en la examinación de la obra. En su análisis, Valente argumenta los motivos de su opinión desglosando cada punto importante del texto y autor, finalizando las críticas con una reiteración sobre su postura inicial. Esta estrategia es prevalente específicamente en “Carlos de Rokha: Pavana póstuma”, “Juan Emar: “Miltín 1934” y “Arteche, tiempo, muerte, eternidad”.

En aspectos positivos de sus textos críticos, se debe destacar que estos se encuentran bien fundados. Ibáñez Langlois procura que sus argumentos sean sustentados con citas textuales de las obras, entregando un resultado más formal que el de otros escritores en el rubro. El lenguaje es simple, pero el resultado final perfectamente podría estar indexado en una revista académica. Considerando lo anterior, cobra un sentido la afirmación de Morales: “su crítica está sólidamente fundamentada en principios de la teoría literaria” (118).

Los aspectos negativos sobre la crítica de Valente se resumen en la primera parte de su estructura. El académico utiliza todo el espacio disponible de manera correcta en sus críticas, pero debido a la pronta exposición del juicio crítico, pareciera que Ignacio Valente no pudiera contener su opinión. Además, al comenzar de inmediato con el juicio a una obra, el literato no le da lugar a introducir el tema de una forma cohesiva, lo que puede producir que no se retenga la atención del lector. Esto es una lástima ya que la escritura de Ibáñez brilla en el desarrollo, en una agradable mezcla de análisis académico y argumentación.

José Miguel Ibáñez Langlois ha realizado críticas literarias agradables para leer. Aunque el académico enseñe cierto desagrado frente a alguna obra, esta postura es justificada con argumentos sólidos, evitando insultos o agresiones entre líneas. Cabe destacar que, posiblemente, la escritura de Ignacio Valente es un producto de la calidad de educación que recibió gracias a sus orígenes mayormente privilegiados.

  1. Camilo Marks: la crítica constructiva

Camilo Marks es el único crítico de la lista que no utiliza un seudónimo para sus trabajos. Nació en 1948, viviendo una infancia marcada por la situación económica inestable de su familia. Aprendió a leer en francés gracias a su madre y culminó sus estudios secundarios en liceos emblemáticos. Finalizó su examen de grado en la Universidad de Chile con el pregrado de abogado, no obstante debió cambiar su tesis debido al golpe militar. El académico viaja a Londres para estudiar letras, y regresa a Chile en 1980 ejerciendo como abogado defensor de víctimas de violaciones a los derechos humanos (Marks 6-95). A la par de este trabajo, Marks inició su carrera como crítico literario en diversas revistas y diarios, pero su trayectoria fue consolidada cuando comenzó a escribir para El Mercurio.

Al leer “Desde el vacío a la imaginación”, “De percepción retardada” y “Drilling, fullback, scrum”, se percibe el primer cambio en la estructura de la crítica de Marks comparada a sus colegas: la adición de un subtítulo. Dicho paratexto entrega un adelanto de la posición del académico, mientras se mantiene lo suficientemente ambiguo para captar la atención del lector. Posteriormente, el abogado expone los argumentos que sostienen su juicio hacia la obra y consejos para extraer el mayor potencial de ella. Sus críticas culminan con un cierre que engloba sus apreciaciones.

El mayor punto positivo de las críticas de Camilo Marks es la elegancia y respeto. Elegancia, porque la estructura es adecuada, con un lenguaje formal apropiado que invita a seguir leyendo. Las apreciaciones del literato son respetuosas debido a la nula violencia empleada: Marks no se centró en “destruir” obras con sus comentarios, sino que daba paso a una mejoría en la calidad de estas mediante retroalimentaciones.

Considerando los aspectos anteriormente mencionados, es complejo descubrir un aspecto negativo certero en las críticas del académico. Se podría afirmar que la constante posición de Marks que roza lo neutral en obras que requieren mayor trabajo de retroalimentación es contraproducente. Más aún, se puede considerar que la neutralidad es menos interesante que una admiración o desagrado frente a un texto. Sin embargo, esta postura se justifica en su razón primordial: evitar las críticas destructivas.

Camilo Marks destaca no solo por la falta de un seudónimo, sino por la calidad de sus críticas. La estructura, el lenguaje y los argumentos cumplen con su función mientras otorgan una lectura crítica interesante. A pesar de sus orígenes complejos, el literato logró cumplir sus objetivos y crear una destacada carrera humanista.

  1. Conclusiones

La investigación de cada crítico del siglo XX logró recabar información respecto al contexto social detrás de estas figuras humanistas y las formas de escritura que ellos presentan. En primer lugar, cabe destacar que dos críticos (Omer Emeth e Ignacio Valente) nacieron con privilegios educativos inmediatos, mientras que el otro par (Alone y Camilo Marks) logró una buena base de educación literaria con esfuerzo monetario e intelectual. En segundo lugar, todos trabajaron para el diario El Mercurio por algún período en sus vidas, siendo este el detonante del prestigio en sus carreras. Probablemente, el prestigio ganado en El Mercurio se enlaza con la masificación e importancia de este periódico en la historia de Chile. Este diario no está exento de polémicas, pero estos críticos no deben pagar por los problemas de su medio, ya que sus escritos hablan por ellos mismos. En tercer lugar, se debe rescatar que cada crítico aportó a la crítica chilena: Omer Emeth inició la crítica en Chile, Alone entregó personalidad al lenguaje y estructura de las críticas, Ignacio Valente abordó la crítica con una perspectiva más académica y Camilo Marks recordó la importancia de la crítica constructiva.

            Si bien existen algunos matices negativos encontrados durante la investigación, estos males no se comparan frente al bien mayor que entregaron estos caballeros durante sus carreras. Durante todo este texto, no se han omitido las intransigencias de Omer Emeth, los insultos de Alone, la impaciencia de Ignacio Valente y la neutralidad de Camilo Marks. No obstante, se destacan y reiteran durante el desarrollo de este texto los enriquecedores aportes a la crítica chilena que estos cuatro hombres han otorgado.

Obras citadas

Alone. “Crónica Literaria: El compadre Mucho Gasto. Por Julio Barrenechea”. Talleres El Mercurio, 15 oct. 1975, pp. E3.

—. “Crónica Literaria: “Samuel”, por Braulio Arenas”. El Mercurio, 3 sept. 1972, pp. 5.

Emeth, Omer. “Movimiento literario: Capachito”. Memoria chilena: biblioteca nacional de Chile, 2021, Memoria chilena, https://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-69032.html. Acceso 13 abr. 2023.

—. “Movimiento literario: paréntesis sobre escuelas literarias, a propósito del Manifeste du surréalisme”. Memoria chilena: biblioteca nacional de Chile, 2021, Memoria chilena, https://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-69034.html. Acceso 13 abr. 2023.

Feliu Cruz, Guillermo. EMILIO VAISSE (Omer Emeth) (1860 -1935): Humanista, crítico literario y bibliógrafo. La bibliografía general de Chile. Bibliógrafos chilenos, 1969.

Leyton Soto, Mario. Alone: 65 años de crítica literaria. Ministerio de educación: centro de perfeccionamiento, experimentación e investigaciones pedagógicas, 1973.

Marks, Camilo. “De percepción retardada”. Talleres El Mercurio, 9 dic. 2005, pp. 3.

—. “Desde el vacío a la imaginación”. Talleres El Mercurio, 30 sept. 2005, pp. 3.

—. “Drilling, fullback, scrum”. Talleres El Mercurio, 18 may. 2008, pp. E23.

—. Indemne todos estos años. Lumen, 2016.

Morales Piña, Eddie. “En torno a la poesía de José Miguel Ibañez Langlois”. Nueva revista del pacífico, nº 51, 2006, pp. 117-124.

Valente, Ignacio. “Arteche, tiempo, muerte, eternidad”. Talleres El Mercurio, 6 dic. 1992, pp. 5.

—. “Carlos de Rokha: Pavana póstuma”. Talleres El Mercurio, 19 may. 1968.

—. “Juan Emar: “Miltín 1934”. Talleres El Mercurio, 20 agt. 1972.

Yutronic Cruz, Marina. “Presencia de Omer Emeth en la literatura chilena”. Anales de la Universidad de Chile, vol. IV, nº 6, 1957, pp. 11-117.


[1] Academia Chilena de ciencias sociales políticas y morales.

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