«Esta exposición es un ensayo»: estrategias curatoriales del 5to Festival de libros de La oficina de la nada

Por Megumi Andrade Kobayashi

La Oficina de la Nada es un grupo de investigación enfocado en los vínculos entre literatura, artes visuales y música, y en la curaduría de exposiciones vinculadas, principalmente, al libro y al arte impreso.La fundamos en el 2016 junto con Felipe Cussen y Marcela Labraña, y actualmente colabora el músico Ricardo Luna. Desde el 2017, en conjunto con el Campus Creativo UNAB, realizamos el Festival de libros, evento que contempla exposiciones, talleres, charlas, conciertos y conferencias de invitados internacionales, como la investigadora alemana Annette Gilbert, el curador y crítico portugués Paulo Pires do Vale, y el escritor Sergio Chejfec. Cada Festival parte de una investigación temática que articula tanto la curatoría como las actividades que realizamos. Los temas de nuestros festivales han sido «publicaciones alemanas y chilenas» (2017), «la destrucción del libro» (2018),  «libros e instrucciones» (2019) y «libros sin papel» (2021).Este año, elegimos investigar y trabajar en torno a los «paratextos».

En términos curatoriales, desde el primer Festival nos interesó exponer y poner en diálogo materiales de distinto tipo, como publicaciones artísticas, fotolibros, fanzines, libros convencionales, libros experimentales, afiches y otras obras de arte impreso. Solíamos exponer publicaciones de la segunda mitad del siglo XX en adelante pero este año cumplimos el sueño de trabajar con libros más antiguos, de los siglos XVI al XIX. Eso ocurrió gracias a una alianza con la Biblioteca Patrimonial Recoleta Dominica.

Hace unos años, se realizó en Portugal una exposición que ha sido especialmente inspiradora para el trabajo que hacemos en La oficina de la nada. Se trata de Tarefas infinitas [Tareas infinitas], curada por Paulo Pires do Vale en la fundación Calouste Gulbenkian. No pudimos visitarla personalmente, pero logramos acceder al catálogo con el cual quedamos absolutamente maravillados. La exposición puso en diálogo libros contemporáneos con pinturas y libros antiguos que conforman parte del acerbo de la Biblioteca de Arte de la Fundación Gulbenkian. Nos pareció fascinante la manera en que –a partir de aspectos formales y visuales– un libro de Sol Lewit conversaba, por ejemplo, con un manual de escritura en portugués de principios del siglo XVIII, o cómo un libro de horas medieval tendía puentes con un fotolibro de Edward Ruscha. El prólogo del catálogo, escrito por el mismo Paulo, fue también un gran hallazgo. En él, el autor plantea con gran claridad y lucidez ideas que, de manera muy intuitiva, habíamos puesto en práctica –sin saberlo– en nuestros primeros festivales. El texto comienza así:

«Esta exposición es un ensayo. Un ensayo, aprendimos de Montaigne, es un texto que explora un objeto por tentativas y tiene una íntima relación con quien lo escribe –sin pretensión de argumentar una tesis metódica y conclusiva. El ensayo en vez de conclusivo es precisamente declusivo: rechaza o desecha la conclusión del tratado y la reclusión de los límites de los géneros literarios. […] Al distanciarse de los sistemas cerrados, el ensayo –y esta exposición como ensayo– alberga contradicciones y conduce muchas veces a la aporía. Género intranquilo lo llamó João Barrento. Lo recorre una impureza que desmantela y mezcla las fronteras de los géneros literarios. Puede combinar diferentes tiempos históricos, orígenes geográficos, autores o artistas. Como ocurre en esta exposición, que no es retrospectiva, ni antológica, ni historicista, que no pretender abarcarlo todo ni probar una teoría. El ensayo es la manifestación e investigación de la experiencia» (8).

La relación entre escribir un ensayo y montar una exposición nos pareció especialmente cercana. Los de La oficina de la nada no somos formalmente curadores, tampoco historiadores del arte. Además de enseñar, escribir es lo que más hacemos (y, en el caso mío, lo que más disfruto), especialmente si esa escritura se mueve a partir de sugerencias, contrastes, contradicciones. Si bien antes de tomar contacto con Tarefas infinitas y su curador teníamos bastante claro que no nos interesaba montar exposiciones historicistas ni limitadas por categorías fijas, mucho menos criterios nacionales, fue a partir de ese encuentro que comenzamos a comprender la curatoría de nuestros festivales como la escritura de un ensayo. En nuestro caso, una escritura que hacemos de manera colectiva y en la que tratamos de plantear exploraciones tentativas de un tema; proponer sugerencias más que conclusiones; mezclar géneros, épocas, geografías y disciplinas; no hacerle el quite a las contradicciones; y, sobre todo, dejarnos guiar por la intuición y la imaginación.

Este año, como les decía, logramos cumplir el anhelado sueño de trabajar con libros de épocas pasadas. La Biblioteca de la Recoleta Dominica fue fundada en 1753, junto con el convento del mismo nombre. Contiene una de colecciones bibliográficas históricas privadas más importantes de América Latina. Con más de 115.000 volúmenes, la colección abarca libros teológicos y de cultura secular de los siglos XVI al XIX. De abril a julio, bajo la guía de la directora de la biblioteca, Raquel Abella, con Marcela trabajamos intensamente seleccionando libros de teología, ciencia, medicina, historia, entre otros, bajo el eje temático de los paratextos. Para Gérard Genette, «el paratexto es aquello por medio de lo cual un texto se convierte en un libro y se propone como tal a sus lectores» (9-10): títulos, subtítulos, páginas legales, dedicatorias, epígrafes, ilustraciones, notas al pie, índices, colofones, contraportadas, etc. Partimos de esta definición conceptual pero exploramos una aproximación más amplia al incorporar, también, marginalias y otras huellas de manipulación libresca, como sellos de propiedad. Consideramos que ese tipo de inscripciones conducen e influyen en la lectura tanto o más que un paratexto convencional.

En las vitrinas pusimos en diálogo hojas de guarda de papel marmolado con una reversión colectiva de la famosa página marmolada del Tristram Shandy de Laurence Sterne, libros de anatomía con Fauna de Joan Fontcuberta, manuales de tipografía con letras capitulares del siglo XVI, frontispicios con un libro de artista contemporáneo compuesto solo a partir de portadas, o un libro de física completamente devorado por insectos junto un pasaje de Un año de Juan Emar, en el que el narrador se encuentra con «bichitos bibliófilos» que han hecho de las suyas con un ejemplar de Lautréamont. La composición de estas vitrinas fue hecha a partir de una lógica de montaje: en su entrecruzamiento, los libros hicieron aparecer otros problemas, nuevas afinidades y también contraposiciones. Lo que intentamos hacer, muy humildemente, fue generar al interior de la galería un espacio crítico, un pensamiento que se despliega en el espacio.

Genette, Gerard. (2001) Umbrales. Siglo XXI.

Pires do Vale, Paulo. (2018). Tarefas infinitas. Quando a arte e o livro se ilimitam. SESC- Serviço Social do Comércio.

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